Debía de tener unos 15 años cuando empecé a leer la casa de los espíritus. Mi mamá me dijo que lo disfrutaría y que tenía una copia en inglés que me prestó. Recuerdo estar encantado con las descripciones vivas de Allende de los personajes, la casa y el país en el que tiene lugar. Evocaba imágenes de un tiempo y una tierra lejanos que no tenían ninguna conexión real con mi vida cotidiana. Ahora miro hacia atrás en el libro como una vaga primera mirada a la ficción histórica latinoamericana. Me siento inspirado ahora para retomar el libro, quizás esta vez en español y revigorizar algunos de los débiles recuerdos que tengo de su trama.
El segmento particular de la historia proporcionada en la antología, donde Stephen no está de acuerdo con los actos caritativos que ocurren a su alrededor, para mí parece ser sinónimo de valores individualistas fuertemente arraigados en los Estados Unidos. Lo que me parece más interesante de este tipo de literatura es su relación con la situación política que se estaba desarrollando en ese momento. El libro describe la lucha bélica entre los marxistas de un lado y los capitalistas y militaristas del otro. Junto con esta visión de la política chilena, Allende cuenta la historia de cuatro generaciones de personajes que comienzan con la intersección de la familia del Valle y la familia Trueba antes del inicio de la Primera Guerra Mundial.
Dentro de estas historias ella desarrolla los personajes de Clara, Blanca y Alba Trueba - la madre, hija y nieta que sucesivamente presiden la Casa de los Espíritus y son mujeres complejas y vivas. Recuerdo haberme sentido atraída por Clara como personaje cuando lo leí por primera vez y la profundidad que Allende da a estas mujeres encaja bien con lo que May nos presentó y con lo que hemos cubierto en clase desde entonces.
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